Diversas identidades estéticas del hombre se presentan en una selección de retratos que revisan el arte a través de los siglos en la cuenta de Instagram
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Los sujetos aparecen inmortalizados, tanto a través de la perspectiva del artista como del propio modelo, en una selección de obras de diferentes épocas, lugares y culturas expuestas en galerías de todo el mundo, como el Museum of Modern Art, la Auckland Art Gallery y el Louvre, así como en colecciones privadas.
Las pinceladas, las poses y los colores revelan una historia más profunda y encantadora sobre el carismático misterio de cada hombre representado en los retratos artísticos.
La selección cuenta con el retrato de un actor de Kabuki disfrazado de samurái, una imagen formal del compositor Franz Schubert mostrando una posición de joven taciturno; y un retrato de Tamati Waka Nene, un jefe maorí que luchó como aliado británico, plasmado de una forma muy particular debida a sus tatuajes faciales tā moko. Se observa, además, una imagen cristalina del emperador Muhammad Akbar del siglo XVI, donde aparece rigurosamente sereno, y un autorretrato del pintor británico William Rothenstein, en el cual se muestra firme y pensativo.
Vincent van Gogh decidió representar a la clase obrera de su entorno en los retratos de la familia Roulin de 1888. En ellos, el cartero Joseph Roulin aparece firme, serio y con una mirada que muestra una respetable dignidad, sumergiéndose de esta manera en una rebelión de color y patrones que manan del posimpresionismo. Su barba se asemeja a una serie de fuegos artificiales en cascada. Por su parte, el joven Armand Roulin aparece inmortalizado de forma ligeramente desaliñada, con un maravilloso abrigo amarillo desabrochado de manera despreocupada.
Para la artista y escritora contemporánea de origen británico Lynette Yiadom-Boakye, el sujeto del retrato no precisa ser un personaje real. Sus cuadros se componen de personajes imaginarios que se muestran en el lienzo con un sutil trasfondo propio, como el hombre con actitud ligeramente distante que luce una elaborada bufanda lila y que protagoniza una de sus obras de 2018. Este personaje podría pertenecer a cualquier época o lugar. "La atemporalidad es algo crucial", afirma Yiadom-Boakye.
Retratar a alguien también puede ser un acto de rebeldía. Al representar diferentes cuerpos y modas, los artistas aquí incluidos rompen con todas las convenciones en cuanto a belleza y género. Siempre queda algo por descubrir, como la expresión que muestra el protagonista de Retrato de un hombre, realizado en 1940 por Antonello da Messina. Su media sonrisa precede a la de la Mona Lisa y emana su mismo encanto. La sensación de familiaridad que se siente ante esta obra sigue presente más de 500 años después de su creación. —Kyle Chayka
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