Filósofos, políticos, artistas y mujeres vanguardistas: los influencers de la Acrópolis solían moverse por simposios, intensas festividades, suntuosas cortes y competiciones teatrales.
En la antigua Grecia y sus colonias, como Sicilia, se sentaron las bases de la alta sociedad, la liberación sexual y la experimentación artística. Todo entre ruinas y mitos sobre caprichosas divinidades que se inmiscuían en asuntos humanos y bebían néctar y ambrosía en la cima del monte Olimpo. Aunque en la actualidad, los debates, las corrientes de pensamientos y el entretenimiento se comparten a través de las redes sociales, en la antigua Grecia preferían disfrutar del arte e interactuar en encuentros sociales en el ágora y otros espacios públicos. Los encuentros nocturnos sumidos en un éxtasis dionisíaco suponían una oportunidad perfecta para que los jóvenes seguidores de Baco dieran rienda suelta a sus bailes desinhibidos y a sus cantos corales. Asimismo, los Juegos Olímpicos elevaban a un nuevo nivel las disciplinas deportivas, y los fastuosos banquetes acompañados por grandes cantidades de vino eran el escenario perfecto para que maestros de la oratoria y sus pupilos expusiesen sus prolíficas ideas y llevasen a cabo discusiones que se alargaban hasta el amanecer. Las Dionisas, antiguos festivales de representaciones dramáticas, eran la puerta de entrada a Atenas, tanto para visitantes extranjeros como de la misma Grecia. Estas representaciones ofrecían extravagantes funciones cómicas y trágicas que daban paso a festejos nocturnos.
En este entorno lleno de dinamismo cultural y actividades orientadas a las artes y la oratoria, los políticos, filósofos y dramaturgos pasaron a ser los influencers de la Acrópolis. Sócrates y Platón fueron los pioneros gracias a sus simposios que retrataban de forma vívida la sociedad ateniense. Entre sus asistentes, se encontraban destacadas personalidades como Alciabíades (450-404 a.C.), un rebelde político que, en palabras de Cornelio Nepote, "su grandeza y magnífica existencia sobrepasaba a la del resto de atenienses". Alciabíades nació en el sino de una prestigiosa familia, lo que le permitió reunirse con un ecléctico conjunto de conocidos. Según Plutarco, Alciabíades "se dejaba llevar por la vida del lujo, la embriaguez y la indecencia desmedidas, y un estilo de vestir que incluía largas batas violetas que arrastraba a su paso por la plaza del mercado". A su vez, este ilustre personaje se hizo con el cariño de sus conciudadanos, ya que organizaba representaciones teatrales y realizaba generosas donaciones a la polis. El comediógrafo Aristófanes escribió sobre la cambiante lealtad política de Alciabíades, que oscilaba entre Atenas y Esparta, destacando que "Atenas le deseaba y le odiaba a la vez, pero también quería que volviese". Alciabíades no solo estaba muy solicitado en el campo de batalla, también se le buscaba en los banquetes celebrados después debido a su elocuencia y a su espíritu intelectual, sin olvidar su extraordinario físico, que ayudaba a que algunos de sus defectos pasaran desapercibidos. Sin duda, se trataba de una figura exuberante y ambiciosa que no dejaba a nadie indiferente. La antigua Grecia también contaba con una poderosa pareja: Pericles y Aspasia de Mileto. Él era un político y orador apasionado por las artes y ella, una concubina que llegó a gozar del mismo estatus que su compañero a pesar de todas las polémicas que esto supuso, y que siempre lograron acallar. Con Pericles, Atenas vivió una época dorada sumida en una frenética búsqueda de la belleza, en la cual se dio gran importancia a las artes y surgieron numerosos monumentos. Entre ellos se encontraba el Partenón, cuya construcción contó con la supervisión de Fidias, un aclamado escultor y arquitecto de la época. Aspasia no era una esposa y ama de casa convencional, al contrario de lo que se pensaba en aquellos días; era una mujer inteligente y muy culta. Rompió todas las reglas, consiguió llegar a un estatus superior a lo que se esperaba de ella, participó en simposios a los cuales ninguna mujer tenía permitido asistir e impartió lecciones de oratoria y filosofía a personalidades como Sócrates. Safo (630-570 a.C.) fue otra de las pocas mujeres que logró abrirse paso en una sociedad dominada por hombres. Esta poetisa revolucionó la percepción que se tenía sobre las mujeres y desafió todas las convenciones establecidas que defendían que la poesía era cosa de hombres. En sus versos describe su amor por las mujeres en su tíaso, una comunidad cultural y espiritual que adoraba a la diosa Afrodita y donde educaba a las mujeres jóvenes en las artes de la danza y el canto. Los eclécticos personajes e intelectuales de la antigua Grecia que se atrevieron a romper todas las reglas son la inspiración tras el estilo bohemio de la campaña Pre-Fall 2019.
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